martes, 10 de febrero de 2015

Familia Extendida


Historia de la Familia
Los primeros asentamientos humanos  integraron sus comunidades  en torno al cultivo. Cambió la relación de nuestros antepasados herbívoros, de ser individual a ser grupal, cuando la necesidad los obligó a salir de cacería en las praderas. Sobrevivieron combatiendo juntos, contra enormes mamíferos, descendientes de dinosaurios, formando la primera organización social. Es cuando surge la familia, término que comparte raíz etimológica con fames (hambre), refiriéndose al  conjunto de personas que se alimentan juntas de una misma comida. La diferenciación de funciones de madre y padre surge cuando comparten el cuidado de los hijos y el trabajo  pesado y la cacería, al organizarse como familia. A lo largo de los años, sigue siendo en torno a la comida, que se establecen y fortalecen lazos de vinculación y relación interpersonal.
Punto de reunión familiar
Sigue siendo la comida el punto de reunión familiar, donde compartimos el deleite, la apreciación, la satisfacción y el placer. Aprendemos a dialogar expresando anécdotas personales y externando emociones.  Desgraciadamente, la presión del tiempo y las obligaciones ha desagarrado también este momento de convergencia y convivencia familiar, alejándonos de la convivencia y el diálogo interfamiliar.

Tipos de familia
En la actualidad, ha cambiado la organización social de la familia. Ya no solo trabaja el padre sino crecientemente se ve comprometida la madre, a trabajar para encontrar mayor equilibrio remunerativo. Ello está desgarrando el tejido familiar con cambio en los roles  tradicionales y ruptura de los estereotipos- femenino y masculino- al cuidado de los hijos. La familia nuclear integrada por madre, padre e hijos ahora se apoya en los abuelos y abuelas, transformándose en  familia consanguínea, extensa. Además, con el aumento del número de divorcios, surgen otras formas de organización familiar, ensambladas con hijos tuyos, míos y nuestros.

Mi familia
Entendiendo el contexto antropológico de la organización de la familia podemos analizar a la nuestra con una objetividad que evita caer en juegos de proyección y contrapunteo de culpas. El entorno social está comprometiendo nuestra forma de relacionarnos en casa. Padres y/o madres trabajadores, llegan exhaustos a casa, sin paciencia con los hijos; los hijos se alejan cada día más, viviendo experiencias totalmente ajenas a los padres. El padre y la madre sacrifican su relación de pareja, conformándose con cumplir con la exigencia de ser proveedores de los hijos. La casa se vuelve más chica, sin posibilidad de desarrollar y respetar espacios de intimidad.

No es de sorprender, entonces que surjan problemas en la relación interfamiliar.
Ejemplo de problema

Entre las cinco familias escogidas para el ‘reality’ Hermosa Esperanza de TELEVISA/Nestlé, es representativo que, al acompañar a cámara sus vivencias cotidianas, encontremos que dos de ellas tienen problemas de pareja. En el caso de la familia López Ávila, se trata de una familia ensamblada con: un hijo de la madre,  un hijo del padre y dos hijos de ambos padres. No sorprende que los padres tengan problemas por las diferencias en edad, en familias de origen, historias, afectos e incluso genética de sus hijos. Ambos asumieron el compromiso de trabajar como equipo en una familia extendida, sin embargo, la realidad rebasa al idealismo. No se trata de ‘quién’ tiene razón o no, cuando surge una discusión. Se trata de conocer, aceptar y negociar una resolución del conflicto. Los pilares del hogar- padre y madre- tienen que jalar juntos. Para ello, es importante fortalecer su relación como pareja. Sin espacios físicos y afectivos para desarrollar su intimidad, su rol de padre y/o madre solo será una representación social, sufriendo sentimientos encontrados y falta de credibilidad ante los hijos.
Solución
Los límites en casa se establecen primero, enmarcando un espacio de intimidad que envuelva y resguarde la relación de pareja entre el padre y la madre. Así aprenderán sus hijos a amar. Verán que sus padres tienen una relación entre dos, donde no habrá cabida para la manipulación ni el chantaje. Ambos padres crearán contención a un espacio encapsulado donde guardarán secretos, opiniones o sentimientos de desencuentro, externando sólo un  frente común. Esté límite claro entre el padre y la madre, establecerá una unidad de pareja, que permitirá a los hijos respetar el derecho al placer, a  disentir, a guardar secretos y a fortalecer su dignidad personal.

La palabra dignidad viene de la raíz etimológica ‘igneo’ luz, haciendo referencia simbólica a la luz interior que se enciende con la dignidad. Sin límites claros es fácil destruir el resplandor que surge de esta luz interior.
Conclusión
Con los cambios en la estructura de las familias, la sociedad tiene que crear nuevas formas de relación que rescaten los vínculos de afecto más allá del matrimonio tradicional. En un divorcio se separan el padre y la madre, pero los hijos siguen y seguirán siendo de ambos. El amar a una pareja con hijos consanguíneos, nos obliga a querer también aquello que el/ella quiere. Se requiere paciencia, capacidad de escucha, aceptación y perdón…todos ‘músculos’ del alma.

Se ha demostrado que antropológicamente, el hombre forma parejas ‘monógamas’ (con una sola pareja), durante un lapso de 7 años (período instintivo requerido para acompañar el desarrollo de los niños). Para desarrollar relaciones de pareja de ‘toda la vida’ se requiere de apoyo ‘sobrenatural’. La adhesión a la creencia en un Ser Superior, a una religión o práctica espiritual son alternativas que permiten desarrollar estos músculos del alma, necesarios para hacer de una relación ‘natural’, una relación ‘sobrenatural’.

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